Este libro parte de una convicción sencilla y profunda: Dios habita la realidad. No como idea lejana, sino como presencia viva en lo concreto de cada día. Pero para descubrirlo, hace falta una mirada afinada, un camino interior. A partir de experiencias humanas comunes y con la ayuda del proceso ignaciano, estas páginas enseñan a leer la vida como lugar de encuentro, adoración y envío. Porque todo puede ser sacramento, si aprendemos a ver.